La plenitud es una ilusión

Escena de la película Crepúsculo
Escena de la película Crepúsculo

La plenitud es una ilusión. Tener todo en esta vida es imposible, pero tener algo siempre es posible.

La plenitud es una ilusión. Pero su búsqueda es una de las mayores causantes de gran parte de los problemas psicológicos de nuestros tiempos: crisis vocacionales, problemas de relación, depresión, ansiedad y un sinnúmero de sufrimientos son el resultado de una búsqueda continua de algo que no existe pero que tenemos siempre la sensación de estar a punto de obtener.

Frases como: “cuando sea grande tendré todo lo que quiero”, “cuando termine la escuela seré feliz”, “si ella me acepta seré la persona más feliz del mundo”, “el día en que me case, cumpliré todos mis sueños”, ejemplifican esa intensa búsqueda de un lugar, un momento, una persona o un objeto que creemos ilusamente nos completará para estar plenos, pero que al constatarse lo contrario nos ocasiona muchas penurias.

No se puede tener todo en la vida, pero cegados en la búsqueda de la plenitud, una gran cantidad de personas se autodestruyen. La piedra filosofal, la fuente de la vida eterna, el santo grial, han sido intentos de satisfacer y materializar ese deseo humano. Tal vez esa es una de las razones por las que a la mayor parte de la gente le gusta tanto las historias, leyendas y mitos derivados de esos arquetipos como si al contemplar sus historias en los relatos, los libros, en los teatros o pantallas, nosotros mismos fuesemos contagiados de un poco de esa magia que hace vivir al protagonista y nos decepcionamos al volver a la vida real y comprobar penosamente que no es así.

La realidad es que con mayor frecuencia de lo que realmente nos gustaría reconocer, cuando algo se obtiene, algo se pierde. Y esta combinación tan dramática de los opuestos nos hace sufrir por doble vertiente. Por un lado porque la pérdida de algo causa dolor y tristeza, una sensación de la que constantemente huimos y por otro lado el advenimiento de lo nuevo nos causa ansiedad y miedo al cambio, una característica muy humana. Cada uno de estos efectos ya es incómodo por sí solo, pero cuando se combinan crean el sufrimiento que hace que muchos de nuestros pacientes (usuarios, les llamamos) vengan a consulta.

Sin tan sólo fuera fácil, si tan sólo fuera como decirlo. Debiéramos más bien vivir nuestras vidas tan sólo generando y manteniendo expectativas reales de nuestro desarrollo vital. Tener todo no es posible, pero tener algo siempre es posible. Si mantenemos nuestras expectativas en un nivel preferencial en lugar de elevarlas a altísimas exigencias, tal vez entonces no habría muchos sufrimientos gratuitos, sufrimientos que son causados por el mismo ser humano que busca en donde no hay, lo que no tiene pero que mantiene asida fuertemente la ilusión de poseer.