LAS PERSONAS CON DEPRESIÓN NO MATAN A OTRAS PERSONAS

Anoche vi en un noticiero nacional la declaración del vocero de Seguridad de Nuevo León Aldo Fasci sobre que el adolescente Federico Guevara Elizondo, el joven de 15 años que disparó contra su maestra y compañeros en un salón del Colegio Americano del Noreste en Monterrey, recibía tratamiento por problemas psicológicos, al parecer «un cuadro depresivo«.

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Foto: Excélsior

Aún no se dice de dónde sacó esa información que en mi opinión debe ser esclarecida o por lo menos contextualizada ya que la población puede inclinarse a pensar que cualquier persona con «un cuadro depresivo» puede con facilidad tomar un arma y meterle una bala a su maestra y luego a sus compañeros.

Este no es el comportamiento ordinario de un usuario con Trastorno Depresivo Mayor cuyas características diagnósticas incluyen la culpa y el autocastigo. Lo que es más frecuente es que alguien con depresión opte por quitarse la vida.

Federico Guevara pudo haber padecido depresión sí, pero como resultado de o conjuntamente con otro trastorno. Y en todo caso, es posible que su depresión presentase elementos psicóticos y habría estado siendo tratado por en Cuadro Esquizoafectivo o una Depresión Psicótica.

#VivasNosQueremos: Violencia en la Pareja

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Imagen de la protesta #VivasNosQueremos en la Ciudad de México. Foto: @Warkentin

Hoy domingo 24 de abril se ha llevado a cabo en nuestro país un esfuerzo valiente organizado por parte de las mujeres. Miles de mexicanas y mexicanos han salido a las calles a protestar contra la violencia de género que aqueja a varias entidades de la República Mexicana y dejado muchas víctimas fatales. 

En este contexto es importante señalar que uno de los muchos desafíos que los psicólogos enfrentamos es aquél que involucra a una relación caracterizada por la violencia.

En este sentido, muchos (sobre todo hombres) podrán preguntarse, ¿por qué una mujer que es víctima de abuso permanece en esa relación tan dolorosa?

Una investigación (Sepúlveda-Sanchís, 2005) realizada en la universidad de Valencia sobre los factores que favorecen la continuidad del maltrato en la mujer concluyó que:

  • Cuanto mayor sea el vínculo social con el agresor y menos apoyo familiar se posea, menos probable será la ruptura.
  • Recibir maltrato físico y psicológico frecuente,  la expulsión de la mujer del domicilio familiar y haber recibido amenazas de muerte aumenta la probabilidad de la ruptura.
  • El consumo de alcohol por parte de la mujer disminuye la probabilidad de la ruptura.
  • Los recursos de afrontamiento psicológicos de la mujer tales como una visión realista de la situación de maltrato manifestada en sus actuaciones resolutivas son, independientemente de los apoyos materiales externos un buen predictor de la ruptura con el violento. Así,  mujeres que denuncian, que acuden a pedir ayuda a centros especializados, que utilizan estrategias de benevolencia y evitación del agresor, son mujeres que presentan unas estrategias adecuadas de confrontación. Si además, son acogidas por sus familias y son capaces de mantener o asegurarse su independencia económica, tendrán más probabilidades de salir de la situación de pareja disfuncional.
  • Por último, este estudio también reflejó el hecho de que si existe acoso telefónico por parte del violento o amenazas   y   acosos a la familia de la víctima,  también aumenta la probabilidad de alejamiento del golpeador.

 

Citado en Alba, Salomón y Casas; (2012); Violencia en la Pareja; Editorial Académica Española; Berlín

Sin títuloRecordemos que por principio de cuentas una mujer que se encuentra en una relación en donde la violencia es el pan de todos los días, tiene problemas psicológicos, muchos de ellos originados en el contexto familiar de la infancia y otros tantos reforzados desde que comenzó el abuso que posiblemente inició con aspectos leves como el ejemplo que encierra la frase “No me gusta que descuides a mis hijos”.

Como quiera que haya sido, el caso es que esta es una realidad que los profesionales de salud mental debemos tener siempre en cuenta en la terapia de pareja.

 

Presentación: Cuando la autoestima dice «Adiós»

En el SER HUMANO se incluye SENTIR, PENSAR y HACER. Pero la forma como nos relacionamos con estos fenómenos, es lo que nos hace diferentes a los demás y únicos como personas.

Las complicaciones surgen cuando nuestra forma de sentir, pensar y hacer ocasiona sufrimiento INNECESARIO a los demás y a nosotros mismos.

Cuando estos problemas se presentan, la aparente confianza que teníamos se desvanece y entonces sobreviene una crisis de la existencia, de nuestra relación con nosotros mismos, con la vida y con otras personas.

Muchas veces estas vicisitudes se traducen en forma de crisis de la autoestima.

Pero la buena noticia es:

QUE LA SOLUCIÓN ESTÁ MÁS CERCA DE LO QUE PENSÁBAMOS…

…y hoy trataremos de aprender, cómo llevar a cabo parte de esa solución.

PRESIONE EL LINK PARA ACCESAR A LA PRESENTACIÓN

Cuando la autoestima dice adios-Fernando Jimenez

Más allá de la autoestima: Aceptación Incondicional

El psicólogo humanista Carl Rogers, introdujo el término «estima positiva condicional» que Albert Ellis retomó para elaborar su principal técnica emotiva llamada: Autoaceptación Incondicional (O Aceptación Integral de sí mismo).

Autoestima y Aceptación incondicional
Autoestima y Aceptación incondicional

Sostenemos que la enseñanza y la práctica irreflexiva de la autoestima implica ciertos riesgos, riesgos que Ellis subraya, son inherentes a la propia definición.

¿Por qué la práctica de la Autoestima es un riesgo?

Primero, hay que tomar en cuenta que el tradicional concepto y práctica de Autoestima entraña ciertos peligros para quienes se adhieren devotamente a ella. Esto es así porque tanto la definición como el uso que se hace de ella implican un «quererse condicionalmente» y evaluarse de forma global (nuestra esencia como persona) a partir de ciertos elementos. He aquí los más comunes:

ESTIMAS CONDICIONALES

1. Autoestima por posesión («me quiero o soy valioso por lo que tengo, lo que poseo»)

La persona considera que su valor como persona procede de sus posesiones materiales de tal manera que la ausencia o insuficiencia de estas posesiones traen como consecuencia entre otras cosas, frustración, ansiedad, depresión, ira y sensación de inutilidad.

2. Autoestima por posición («me quiero o soy valioso por el puesto social o laboral que tengo») Todo lo que el sujeto considera valioso como persona proviene de «ser alguien importante» o tener «un buen puesto en la sociedad. La ausencia de la posición trae como consecuencia, entre otras cosas, la sensación de que no se es alguien importante.

3. Autoestima por ejecución o desempeño («me quiero o soy valioso por mis acciones»)

Esta creencia es de las más frecuentes entre usuarios de psicoterapia ya que el ser humano tiene naturalmente a calificarse y evaluarse a partir de las acciones que realiza. De esta forma, cuando un individuo realiza buenas acciones se valora como buena, pero cuando comete errores se considera a sí misma como inútil o fracasada y cuando realiza acciones malas se califica como alguien malo que merece ser castigado.

4. Autoestima por formación o conocimientos («me quiero o soy valioso por mi educación académica o los conocimientos que domino»)

Aquí las personas derivan su amor propio y valía, de su preparación o la cantidad de áreas de conocimiento que domina. A mayor conocimiento o formación equivale un amor propio más sólido mientras que la ausencia de conocimientos puede acarrear sentimientos de inferioridad.

5. Autoestima por heteroaceptación o calificación («Me quiero o soy valioso por lo que los demás dicen de mí o porque otros me quieren»)

La práctica de este tipo de estima condicional demuestra una muy pobre seguridad en sí mismo toda vez que se requiere la opinión o calificación de otras personas, sobre todo las más cercanas, para determinar que se es valioso. Esto incluye los premios y halagos que se han recibido y el hecho de que otros me acepten. Pero cuando se presentala ausencia de alguno de estos elementos, sobrevienen las «crisis de autoestima».

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La plenitud es una ilusión

Escena de la película Crepúsculo
Escena de la película Crepúsculo

La plenitud es una ilusión. Tener todo en esta vida es imposible, pero tener algo siempre es posible.

La plenitud es una ilusión. Pero su búsqueda es una de las mayores causantes de gran parte de los problemas psicológicos de nuestros tiempos: crisis vocacionales, problemas de relación, depresión, ansiedad y un sinnúmero de sufrimientos son el resultado de una búsqueda continua de algo que no existe pero que tenemos siempre la sensación de estar a punto de obtener.

Frases como: “cuando sea grande tendré todo lo que quiero”, “cuando termine la escuela seré feliz”, “si ella me acepta seré la persona más feliz del mundo”, “el día en que me case, cumpliré todos mis sueños”, ejemplifican esa intensa búsqueda de un lugar, un momento, una persona o un objeto que creemos ilusamente nos completará para estar plenos, pero que al constatarse lo contrario nos ocasiona muchas penurias.

No se puede tener todo en la vida, pero cegados en la búsqueda de la plenitud, una gran cantidad de personas se autodestruyen. La piedra filosofal, la fuente de la vida eterna, el santo grial, han sido intentos de satisfacer y materializar ese deseo humano. Tal vez esa es una de las razones por las que a la mayor parte de la gente le gusta tanto las historias, leyendas y mitos derivados de esos arquetipos como si al contemplar sus historias en los relatos, los libros, en los teatros o pantallas, nosotros mismos fuesemos contagiados de un poco de esa magia que hace vivir al protagonista y nos decepcionamos al volver a la vida real y comprobar penosamente que no es así.

La realidad es que con mayor frecuencia de lo que realmente nos gustaría reconocer, cuando algo se obtiene, algo se pierde. Y esta combinación tan dramática de los opuestos nos hace sufrir por doble vertiente. Por un lado porque la pérdida de algo causa dolor y tristeza, una sensación de la que constantemente huimos y por otro lado el advenimiento de lo nuevo nos causa ansiedad y miedo al cambio, una característica muy humana. Cada uno de estos efectos ya es incómodo por sí solo, pero cuando se combinan crean el sufrimiento que hace que muchos de nuestros pacientes (usuarios, les llamamos) vengan a consulta.

Sin tan sólo fuera fácil, si tan sólo fuera como decirlo. Debiéramos más bien vivir nuestras vidas tan sólo generando y manteniendo expectativas reales de nuestro desarrollo vital. Tener todo no es posible, pero tener algo siempre es posible. Si mantenemos nuestras expectativas en un nivel preferencial en lugar de elevarlas a altísimas exigencias, tal vez entonces no habría muchos sufrimientos gratuitos, sufrimientos que son causados por el mismo ser humano que busca en donde no hay, lo que no tiene pero que mantiene asida fuertemente la ilusión de poseer.